El Valor de la Ciencia en el Islam
Todo musulmán debe "conocer" el Islam, el cual se presenta como una ciencia que tiene que ser desentrañada, estudiada y meditada, y luego puesta en práctica. No basta, ni mucho menos, la intuición o el ejemplo de los demás o la influencia de la sociedad. Por ello mismo, lo primero que aprende un musulmán es el valor de la ciencia; es imprescindible que aprecie el saber y se proponga alcanzar el conocimiento.
58:(11) "Dios alza grados (por encima de las demás gentes) a los que entre vosotros se abren a Él y a los que ha sido dada la ciencia."
La delicadeza de espíritu, por un lado, y el conocimiento, por otro, son "plenitudes" del ser humano, que lo alzan, y, a su vez, en el seno de la humanidad, son calidades que distinguen más a unos, y esa diferencia hace que unos sean "mejores" que otros: el más noble y el más inteligente se adelantan al resto. La Fe (el Îmân), que es la emoción del corazón ante Dios y todo lo que Él implica, y la Ciencia (el Ilm), son valores que diferencian a los hombres entre sí. Los dotados de Fe (Îmân) , los Creyentes (mûminîn) , y los dotados de Ciencia (los Ulamâ), destacan entre la gente, y son tenidos en cuenta por Allah = Dios, al igual que entre la gente los virtuosos y los sabios sobresalen y son reconocidos. El grado de los mûminîn (Creyentes) y el de los ‘ulamâ (dotados de Ciencia) los hace estar por encima del resto de los seres humanos, que apenas han salido del grado de la animalidad.
Lo perfecto es la síntesis de la Fe (Îmân) y la Ciencia (el Ilm). El mûmin ‘âlim (el Creyente dotado de ciencia), el de corazón sensible y con aspiraciones espirituales que, a la vez, está dotado de conocimiento y sabiduría, es el ideal del musulmán. Pero si tuviéramos de elegir entre ambas, la mayoría de los expertos en materia de Islam escogen la Ciencia, tal como dijo Ibn ‘Abbâs comentando el versículo anterior: "Los dotados de conocimiento superan a los creyentes en setecientos grados, habiendo entre cada dos grados la distancia que separa quinientos años de marcha". Efectivamente, el Îmân (la Fe) es emoción, que, desnuda de sabiduría y entendimiento, no conduce a ninguna parte o puede, incluso, llevar por mal camino. Es decir, la Ciencia (el ‘Ilm), es superior a la Fe (al Îmân) porque puede y debe ser su guía y maestro. El mismo Corán confirma esta interpretación de Ibn ‘Abbâs cuando dice:
39:(9) "Di: “¿Están al mismo nivel los que saben y los que no saben?”."
35:(28)"Únicamente temen a Allah, de entre sus servidores, los sabios."
El mensaje del Islam va dirigido ante todo a los dotados de ciencia (los Ulamas), a los que son capaces de entenderlo. Es cierto que es un mensaje dirigido a toda la humanidad, y todos pueden sacar provecho de él, pero sólo los sabios llegan a comprender toda su hondura, y sólo ellos sacan de él sus últimas consecuencias, tal como dice Dios en Sagrado Corán: 29:(43) "Esas parábolas las proponemos a la gente, pero no las entienden más que los sabios."
La Ciencia y sus depositarios son luz. Nadie en sus cabales dentro del islam niega esa afirmación. Los musulmanes no sólo deben tener como objetivo el saber, sino valorarlo. Por ello, el Profeta mismo (s.a.s) elogió a los sabios, para estimular entre los musulmanes la consideración en que deben ser tenidos y para animarlos a sumarse a ellos con dedicación, estudio y reflexión. El Profeta Muhammad Muhammad (s.a.s.) dijo: "Los sabios son los herederos de los Profetas."
Con esas palabras, el Mensajero de Dios (s.a.s) resumió todo lo que hemos dicho. Los sabios han recogido de los Profetas lo esencial de sus enseñanzas: que a Allah = Dios, a lo infinito, se llega por el saber, y eso hace que los Sabios (‘ulamâ) estén cerca del rango de los profetas (anbiyâ). Cumplen esa función. Son los herederos de lo esencial de la profecía. Y lo mismo que los Profetas son dignos del respeto y la veneración de los musulmanes, los sabios deben ser respetados y oídos, porque ellos "nos acercan a Allah" con discernimiento, con luz. No obstante, la diferenciación que hemos hecho entre Fe (Îmân) y Ciencia (‘Ilm) es meramente para destacar el valor de la Ciencia, sin la intención de infravalorar la importancia de la Fe (Îmân). Efectivamente, la Ciencia puede ser fría y no llevar a ninguna parte (o, incluso, a la autodestrucción) si no es guiada por la luz de la intención y la sensibilidad del corazón. Por eso, en realidad, a lo que nos referimos es a la íntima conexión de ambas cualidades que debe caracterizar al musulmán. En realidad, no hay una frontera entre ambos signos de la corrección del Islam de una persona. Los dos aspectos se complementan y en su conjunción dan forma a la plenitud del musulmán, que vibra con el Islam y se guía por él con sabiduría y discernimiento. El Profeta Muhammad (s.a.s.) dijo:
"El mejor de entre la gente es el mûmin ‘âlim, quien, si se le necesita, es de utilidad y, si se prescinde de él, se basta a sí mismo."
Estas son palabras luminosas del Mensajero de Dios (s.a.s.), en las que describe esa perfecta conjunción de sensibilidad y racionalidad cuyo resultado es el musulmán pleno. Se trata de alguien dotado de una profunda espiritualidad enraizada en el saber, no de alguien que practica el Islam a ciegas o, por el contrario, simplemente sabe sin que su saber afecte a su corazón. El musulmán perfecto es aquél que es de utilidad a los demás porque sabe, y cuando está a solas tiene a su corazón por compañero. Pero también dijo más cosas reveladoras: "La Fe (el Îmân) está desnuda, su vestimenta es el temor a Allah = Dios, su adorno es el pudor, y su fruto es la ciencia."
La Fe (el Îmân) verdadera nace de una intuición y un saber verdaderos, es reforzado por el temor a Allah (Taqwà), que es estar prevenido y atento a Él, y luego se adorna con el pudor (Hayâ), que es estar en Presencia de Allah = Dios constantemente, y esa forma de ser da como resultado otro Saber, otra Ciencia, que es el fruto de ser musulmán. Hay un saber que está en la raíz del Islam y otro Saber que es su fruto, un Saber que viene ya directamente de Allah, de la intimidad con Él, y cuyo contenido sólo conoce su gente. Puesto que el saber es luz -depositada en el ser humano para hacer de él lo que es, una criatura sacada de las tinieblas animales de la inconciencia-, es también una meta para intensificar ese privilegio. Esté en los comienzos del ser humano, y no deja de ser su propósito, hasta que se convierte, como dice el Corán, en "Luz sobre Luz". Los Profetas son, para un musulmán, el modelo de la perfección humana: han unido en su ser la Ciencia, la Sensibilidad espiritual y la Acción. Los más cercanos a ellos son los Sabios (‘ulamâ), que son los que, por su propia conciencia, se proponen esa cima. De ellos dijo el Profeta Muhammad (s.a.s.): "Las gentes más cercanas al grado de la profecía con las gentes de la Ciencia y las gentes del Ŷihâd. Las gentes de la Ciencia porque guían a los demás en aquello que han traído los profetas, y las gentes del Ŷihâd porque luchan con sus espada por aquello que han traído los profetas."
En este hadiz, el Profeta Muhammad (s.a.s.) pone al lado unos de otros a las gentes de la Ciencia y a las gentes de la Acción, dándoles el mismo valor y colocándolos al lado de los más perfectos, los Profetas, que aún en sí la Ciencia y la Acción, ambos sobre la base de la Fe (el Îmân). Volvemos a repetirlo, el ideal para el musulmán es la conjunción de todas estas imágenes: Corazón, Ciencia, Acción = Îmân, ‘Ilm, ‘Amal. Si bien cada una de esas características tiene su valor y debe ser apreciada por los musulmanes, la Ciencia tiene unos rasgos especiales que deben ser destacados. el Profeta Muhammad (s.a.s.) dijo del Sabio (‘âlim): "El Sabio (‘âlim) es el custodio de Allah = Dios en la tierra."
Una de las funciones del sabio en este mundo es el de garantizar la permanencia y la comunicación del saber, sobre todo en materia espiritual. El Científico (el ‘âlim) carga con esa misión, y es faro para los demás. Los Profetas han depositado en los sabios la Ciencia de la que son comunicadores, y los ‘ulamâ la preservan y la comunican, y por ello son los custodios ante Allah de ese obsequio hecho a la humanidad. Y por su propio carácter, son concientes de la bondad y maldad. el Profeta Muhammad (s.a.s.) dijo:
"El Día de la Resurrección, serán hechos interceder (en favor de los hombres) los profetas, luego los sabios y luego los mártires."Esto quiere decir que Dios tendrá en cuenta lo que tengan que decir, primero, los Profetas, y después de ellos los que más se les acercan, que son los Sabios (‘ulamâ), y, por último, a la gente de la acción. Con estas palabras, el Profeta Muhammad (s.a.s) enseña a los musulmanes el valor que tiene cada rango (el de la profecía, el de la ciencia y el de la acción), situándolos los tres en el nivel de los ideales que debe proponerse cada musulmán, y también, a la vez, el respeto y veneración que deben inspirarles. Los profetas, los sabios y los luchadores en la senda del Islam hasta la muerte son desafíos a la actitud y a la aspiración de los musulmanes.
Fuente: www.musulmanesandaluces.org
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