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Martes 29 Julio 2014, 0 Shawwal 1435

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                        Trabajo y Papel de la Mujer en el Islam

 

 


 

El Derecho de la Mujer al Trabajo aparece expresado en el Sagrado Corán de forma indirecta en el siguiente versículo: 

Dios dice en el Sagrado Corán:

4:(32) "Los hombres tienen una parte de lo que han adquirido y Las mujeres tienen una parte de lo que han adquirido"  

 

El Creador iguala entre el hombre y la mujer en su derecho a poseer lo que han ganado, ya sea a través de la herencia, el trabajo retribuido o cualquier otra forma legal. Así, ya desde tiempos del Profeta Muhammad (s.a.s) algunas mujeres trabajaban en la agricultura, el hilado, la dirección de trabajos manuales, la atención de enfermos y heridos o el comercio y la política, como demostraron las esposas del Profeta "Khadiya" y "Aisha".

Precisamente porque se reconocía el derecho de la mujer al trabajo y a la propiedad, el Islam gravó sobre ella el impuesto del "Zakat" (ayudar a los necesitados) que es el Segundo Pilar del Islam, al igual que pesa sobre cada hombre. Y el "Zakat" no es otra cosa que colaborar en la construcción del Islam.

 

Sin embargo, el Islam no obligó a la mujer a trabajar fuera de casa, sino únicamente al hombre, obligando a éste además a hacerse cargo de la manutención de la mujer, ya sea ésta madre, hermana, esposa o hija. Esto se debe a que en el Islam el primer y más importante deber de la mujer es educar y criar a sus hijos, que son el resultado de la educación de los padres y en especial de la madre. De esta forma, la mujer se convierte en la constructora del futuro, compartiendo con el hombre la construcción del presente.

 

En cualquier caso, el Islam considera que la participación activa de la mujer es básica, como miembro que es de la sociedad. A pesar de ello, la mujer posee particularidades físicas, fisiológicas y psíquicas que la condicionan o no para cierto tipo de actividades, por lo que algunos Ulemas "Sabios" no consideran adecuada su participación en ciertos campos, como la construcción, la minería, la defensa e incluso la política, para algunos sin embargo, esto último es discutible pues la mujer del Profeta, "Aisha", participó activamente en este ámbito. Y además, la mujer puede participar en la política como es indicado en el Corán:


60:(12) "¡Oh Profeta! Cuando acudan a ti las creyentes para jurarte fidelidad, [comprometiéndose a] que [en lo sucesivo] no atribuirán divinidad a nada excepto a Dios…" 

 

En el Islam el papel fundamental de la mujer es el de madre y esposa, para lo cual  la educación es esencial. Y el trabajo fuera de casa está permitido siempre y cuando no afecte a su papel en la familia. Para la mujer musulmana la educación es una obligación y el trabajo es opcional.

 

En lo que respecta a las sociedades árabes, hay que señalar que las costumbres, hasta hace poco tiempo, han considerado que el lugar de la mujer es su casa, pues ha sido creada en primer y último término para ser madre y esposa. Y si tiene la oportunidad de trabajar fuera de casa, no todos los trabajos le convienen. Así, le será suficiente ser profesora, enfermera, secretaria o trabajar en el campo de los servicios sociales. Pero lo que no es aceptado es que sea ingeniero, arquitecto o directora de una empresa. Sin embargo, esta opinión ha disminuido en la mayoría de estas sociedades, especialmente la urbana, aunque se mantiene sobre todo en las zonas rurales.


Por otro lado, hay algunos factores que impiden a la mujer trabajar, como: el sistema educativo o la poca confianza que tienen los empresarios en la capacidad de la mujer. Algunos también piensan que el derecho y las leyes islámicas impiden a la mujer trabajar, aunque ésta es una opinión errónea pues el Islam permite a la mujer trabajar, demostrando además que el sexo no tiene nada que ver con la capacidad intelectual del individuo. Pero, sobre todo, hay que señalar que en el mundo árabe no existen las mismas oportunidades de trabajo y tampoco una igualdad salarial, a pesar de que sus constituciones señalan que ha de haber una igualdad entre hombres y mujeres en este ámbito. Pero tampoco hay que olvidar que esto también ocurre en Europa y la mayoría de los países occidentales.

 

En cualquier caso, la integración de la mujer en el desarrollo económico no implica olvidar su papel tradicional, ni imitar ciegamente a las sociedades occidentales, pues la mujer musulmana suele dar prioridad a su papel de madre y educadora de sus hijos, como lo ha demostrado una encuesta realizada hace algunos años en el Líbano, donde se ha observado que el 81% de las mujeres opinan que la necesidad que tienen los hijos de su madre es lo que les impide trabajar. En este sentido, es interesante la opinión de un occidental, José Ortega Spottorno, quien dice en un artículo suyo publicado en El País: " El poder trabajar e independizarse económicamente del marido permite y favorece las separaciones y el tantear varios ensayos de su vida sentimental. Eso lleva consigo dos graves inconvenientes: la desaparición de la vida de familia y la mayor soledad de los hijos pequeños".

 

 

Actividades relativas al Trabajo de la Mujer en el Islam

 

Son infinitos los ejemplos de mujeres que destacaron en los inicios del islam, tanto en el ámbito público como privado. Estos ejemplos sirven como plantilla imprescindible para ser trasladada al tiempo y sociedad actual. El Sagrado Corán y los ejemplos de la época en vida del Profeta Muhammad (s.a.s) son claros en reconocer una serie de derechos y capacidades.


En lo que respecta a otras actividades relativas a la mujer, hay que indicar que ésta tiene derecho a la propiedad, a hacer contratos, a avalar a otra persona y a participar en el comercio o cualquier otra forma legal de obtener ganancias. Y en todos estos casos, la mujer tiene la total libertad de tomar sus propias decisiones, sin la intervención de nadie ( padre, esposo, hermano,…), al contrario que sucedía en la República Federal de Alemania, donde la mujer casada no tenía legalmente el derecho a la propiedad hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial.

 

"Khadija", la Primera Mujer del Profeta, destacó por ser una importante comerciante de la época, contratando a hombres para que trabajasen en su actividad comercial. Por lo tanto, aquí tenemos el primer ejemplo claro de una mujer musulmana capaz de generar riqueza, dirigir su propio negocio y contratar servicios masculinos que reciban órdenes de ella.

 

La riqueza histórica de la época de Medina, proclamada como la Primera Ciudad Islámica, se caracterizó por contar con mujeres que ocupaban cargos diversos, como fue el caso de "Samra Bint Nuhayk al-Asadiyya", que destacó como "Muhtasib" (Inspector de mercado) o "Ass-Shifa Bint ‘Abdullah", nombrada "Waliah" (Primera Funcionaria de la Administración Pública).

 

El primer ejemplo que se constata de una Mujer Gobernante, se encuentra en el propio Corán. "Bilqlis", más conocida como la Reina de Saba, destaca por su gran capacidad y astucia. De igual forma, otras mujeres siguieron su ejemplo, como ocurrió con "Shajar Ad-Durr", que tomó el mando de Egipto a la muerte de su marido, dirigiendo la resistencia a Luis IX. No menos espectacular fue el trabajo desempeñado por "Arwa Bint Ahmad", que dirigió el Yemen y cambió la dedicación del país de las armas a la agricultura.


El Derecho al Trabajo le fue reconocido a la Mujer Musulmana espontáneamente, y consta, por ejemplo de:


-Participación en la enseñanza, como discípulas y maestras.

-Participación en labores sociales, se les reconoció también el derecho al esparcimiento y el ocio.

-Participación en la Política, la mujer fue tan firme como el hombre en defender el Islam incluso en las épocas de persecución. Las mujeres participaron activamente en la organización del Islam, en los juramentos de fidelidad al Profeta, en su defensa, y emigraron de Meca a Medina en pie de igualdad.

-Participación y opinión en las asambleas (shûrà) y dirigieron oposiciones contra las mayorías.

-Participación en distintas labores, como las de regadío, en las de la agricultura en general, en las industrias artesanales, en la dirección de los trabajos, en la salud, en la limpieza y en labores domésticas, lo que les permitía llevar una vida digna para ellas y para sus familias, llevando incluso en muchas ocasiones la delantera a sus maridos. 


Precisamente porque se reconocía el derecho de la mujer al trabajo y a la propiedad, el Islam gravó sobre ella el impuesto del Zakat (ayudar a los necesitados) que es el Segundo Pilar del Islam, al igual que pesa sobre cada hombre. Y el "Zakat"  no es otra cosa que colaborar en la construcción del Islam. Por lo que el esfuerzo de las mujeres es igual de meritorio que el de los hombres. Con su aportación, la mujer se destacaba como participante en todo.

Es cierto que las circunstancias del nacimiento de una civilización son propicias para el desarrollo de todas las aptitudes, tanto de las mujeres como de los hombres, pero hay que recordar que el carácter ejemplar de los primeros tiempos del Islam tiene, por un lado, valor de derecho, con lo que las mujeres musulmanas tienen una justificación legal y autorizada en todas sus demandas actuales. Por otro lado, un estudio atento de los primeros tiempos del Islam para su actualización demanda un incremento de los derechos de la mujer en atención de la realidad de estos tiempos, en consonancia con las enseñanzas de los avances que Islam supuso en su tiempo original.